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Gato persa: un aristogato + 5 datos curiosos sobre otras razas de gatos

No hay duda de que el gato persa es una de las razas de gatos más populares y conocidas, y también una de las que sigue despertando un mayor interés entre los amantes de los felinos. 

Hoy veremos de dónde provienen los gatos persas y por qué, pese a su popularidad, aún se les suele relacionar con la aristocracia. Un verdadero aristogato que comparte post con otras 5 curiosidades sobre gatos que seguro te sorprenderán.

Gato persa: contenidos

Para ser exactos, los orígenes del gato persa son desconocidos, como sucede con muchas otras razas de gatos. No obstante, el gato persa tal como lo conocemos hoy llega a Europa desde Oriente Medio hacia la primera mitad del siglo XVII de manos de un notable aristócrata italiano, Pietro della Valle. Su nombre está, pues, íntimamente vinculado a este hecho y a su procedencia (Persia, el actual Irán).

Por sus atributos exóticos (por su procedencia y muy especialmente por su pelo), pronto se convirtió en un signo de relevancia social: tener un gato persa era un capricho al alcance de muy pocos. Enseguida causó furor entre la nobleza europea del momento, que por aquel entonces también se había encaprichado del recién llegado gato de Angora (antiguo nombre de Ankara), de origen turco, más pequeño que los gatos persas y de pelo blanco, pero igualmente estimado por su exotismo y por haberse convertido, también, en un signo de distinción social.

Gato persa, gato de Angora: aristogatos que sobrevivieron a la Revolución Francesa

El gato de Angora había llegado a Europa casi al mismo tiempo que el gato persa, pero mientras este desembarcaba en las costas italianas, el gato de Angora viajaba destino a Francia. No pasaría mucho tiempo hasta que ambas razas empezaran a mezclarse, tratando de obtener una nueva raza de gatos que fuese única, y que se convirtiera en el emblema de una aristocracia palaciega que disfrutaba, por aquel entonces, de sus últimos años de privilegios

Tras la Revolución Francesa, y al contrario que la aristocracia que lo había adoptado como seña distintiva, la popularidad del gato persa fue en aumento y se universalizó, cruzando el Atlántico e instalándose en unos Estados Unidos entonces recién fundados, pero que todavía hoy le adulan y admiran como una de las razas de gatos más bellas y perfectas del mundo.

5 datos curiosos sobre los gatos

La historia de los gatos persas es realmente apasionante y está llena de curiosidades. Sin embargo, no son los únicos gatos que pueden presumir de misterio, interés e incluso glamour. Como veremos a continuación, esto es algo común a todas las razas de gatos, unos animales fascinantes y misteriosos que nos intrigan, nos interesan y nos causan admiración desde hace más de 11.000 años.

1. Gatos y humanos, más de 11.000 años juntos

Es común creer que fueron los egipcios los primeros en domesticar a felinos salvajes, dando origen al gato doméstico. Y sí, es cierto que en el antiguo Egipto los gatos tuvieron un papel especialmente relevante, pero no es a orillas del Nilo donde podemos empezar a seguir el rastro de los gatos domésticos, sino en Chipre, y más de 4.000 años antes de la primera civilización egipcia: una tumba de hace 9.500 años descubierta en 2004 en esta isla del Mediterráneo evidenciaba este hecho. Según los expertos, el gato y los humanos empezaron a convivir hace 10.000 o 11.000 años, durante el neolítico.

2. Traficar con gatos, castigado con la muerte

Sabemos que los fenicios eran grandes navegantes y mejores comerciantes. También se conoce su gusto por comerciar con felinos, una actividad que les reportaba grandes beneficios. Y no fue la suya la única civilización que traficaba con estos animales (la prueba evidente la encontramos en nuestros días). Sin embargo, hubo un pueblo que no solo no se lucró con el comercio de felinos, sino que incluso lo prohibió: los egipcios (¿quién si no?) castigaban con la muerte el tráfico de gatos. Era de esperar de una civilización que consideraba a los gatos como seres semidivinos…

3. Del antiguo Egipto a la Inglaterra victoriana

En 1888 se descubrió una tumba en Tell Basta (la antigua Bubastis, Egipto) que contenía los cadáveres de unos 300.000 gatos debidamente embalsamados, como era costumbre entre los antiguos egipcios. Estos consideraban a los gatos animales semidivinos, como lo demuestra, por ejemplo, el culto a Bubastis, diosa de la fecundidad y protectora de las almas de los muertos, que era representada con una cabeza de gato y el cuerpo de mujer.

Como muestra de este respeto y veneración de los antiguos egipcios hacia los gatos tenemos bastantes ejemplos. Uno de ellos es lo que ocurrió en el siglo VI a. C., cuando el rey persa Cambises II, tras asediar sin éxito Pelusio (una ciudad del Bajo Egipto), decidió enfrentarse a los soldados egipcios atando gatos a los escudos de sus guerreros; los egipcios, temerosos de dañar a los felinos, rehusaron entrar en batalla y rindieron la ciudad a los persas.

En contraste directo con este respeto y adoración, tenemos el resultado del descubrimiento de las tumbas de los 300.000 gatos momificados de Tell Basta. Localizados por una expedición británica en 1888, los cadáveres de los felinos fueron desmomificados, trasladados a Inglaterra y vendidos como abono para los campos.

4. La Inquisición contra los gatos

En el siglo XV, en pleno apogeo de la denominada Inquisición española, el papa Inocencio VIII condenó a los gatos como encarnaciones del diablo. Miles de gatos en toda Europa fueron sacrificados en hogueras y por otros medios con la máxima crueldad y ensañamiento. El resultado: ante la escasez de gatos, las ratas proliferaron en pueblos y ciudades propagando, con ellas, enfermedades y epidemias, como la peste negra (Europa vivió entonces uno de los rebrotes más virulentos de la peste bubónica, que en siglos anteriores había diezmado la población del viejo continente).

5. Gatos entre reyes

Pocos años después de que Inocencio VIII condenara a los gatos a la hoguera, el rey de Inglaterra Enrique VIII, que como sabemos se había enemistado con el papado de Roma por diversos motivos, fundó la Iglesia anglicana tras romper relaciones con la Iglesia católica. Dejando a un lado los excesos del monarca en su vida privada, lo cierto es que mientras en el continente europeo sacrificaban gatos por millares, el gato de Enrique VIII, Dragobert, no solo disfrutaba de una vida cómoda y tranquila, sino que poseía una amplia colección de armaduras hechas a medida que su dueño había encargado expresamente para él. 

Bien, pues hasta aquí nuestro humilde aporte de hoy sobre el gato persa y otras curidades sobre nuestros queridos felinos. Seguiremos descubriendo otros datos curiosos sobre distintas razas de gatos en el futuro. Mientras, te invitamos a que página para mascotas y descubras la selección de alimentación accesorios que hemos preparado para nuestros amiguitos peludos. ¡Ah! Y por supuesto, como siempre, estaremos encantados de conocer tu opinión así que, si quieres, deja aquí tu comentario: ¡será un placer leerte! Muchas gracias por seguirnos, un abrazo animal y hasta muy pronto.

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